jueves, 12 de julio de 2018

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Cómo controlar la agresividad y la ira: 3 claves para conseguirlo

La agresividad y la ansiedad pueden ir de la mano. Una persona que actúa de forma agresiva normalmente ha perdido el control sobre sí mismo, o bien carece de empatía y no comprende los sentimientos de los demás.

En cualquier caso, parece claro que en aquellos momentos en los que somos más agresivos, actuamos de esa forma porque percibimos un peligro.

Un peligro que puede ser real o puede ser completamente imaginario. Pero depende en cualquier caso de cómo valoramos la situación en nuestra mente. Alguien que mantiene la templanza, incluso en circunstancias adversas, tiene un alto control de sí mismo y sabe cómo enfrentarse a los peligros.

No obstante, ¿cómo podemos controlar la agresividad?, ¿cómo controlar la ira? ¿cómo evitar la violencia (física o verbal), cuando parece que es algo que te domina y se apodera de ti?



Consejos para controlar la agresividad y la ira

evitar ser violento


El control de la ira no es algo realmente fácil de conseguir. 

Al contrario de lo que se suele decir, una persona agresiva generalmente es una persona insegura.

Es decir, se siente vulnerable ante los peligros, por eso responde de esa manera. No es más valiente necesariamente el más agresivo, o mejor dicho, no es más valiente el que no controla su agresividad.


Si quieres empezar a controlar tus nervios y tu agresividad, si no te sientes a gusto contigo mismo porque saltas ante cualquier circunstancia, ten en cuenta estos consejos.


1. Define qué es ser agresivo

Hay personas que no son conscientes de su agresividad hasta que otro les informa de ellos. Y tampoco es fácil reconocerlo.

Pero es importante que tengas claro qué es ser agresivo.

  • Agresivo no es sólo quien golpea físicamente a otra persona, sino también quien la insulta, manipula, zarandea o menosprecia.
  • Agresivo es quien hace burla, con intención de dañar y herir los sentimientos de la otra persona.
  • La agresividad también se ve cuando se ignora al otro, cuando se le trata como si no existiera, cuando se guarda silencio. 
Si te has identificado en alguna ocasión con las siguientes situaciones, no cabe duda de que estás comportándote de forma agresiva.

Y ojo, esto es simplemente una fotografía de un momento. La agresividad se puede cambiar y moderar si somos conscientes de ella y qué es lo que la produce.

Te dejo con este vídeo que te puede ser de gran ayuda para ayudarte a controlar la ira.



2. Piensa en qué es lo que te hace ser agresivo


Solemos encontrar siempre excusas, razones y motivos para ser agresivos. Casi siempre esas razones están centradas en los demás.

Especialmente, si te preguntas cómo controlar la ira en pareja, estamos casi seguros de que te has visto haciéndolo en alguna ocasión. Lee el post Tengo ansiedad por amor, ¿qué hago?

A veces en cosas que nos han hecho daño, o en cosas que no nos gustan, pero que la otra persona no tiene manera de saber o controlar.

En muchas ocasiones, somos agresivos sin que la otra persona tuviera intención de hacer algún daño. Pero nuestra manera de percibir la situación nos ha hecho percibir una amenaza, a veces atribuyendo maldad o mala intención a la otra persona.

Y esto, es importante entenderlo, a veces está en nuestra mente. A veces no está en la otra persona contra la que nos mostramos agresivos.

No es que determinada persona te "haga" ser agresivo; eres tú quien decide reaccionar y actuar de esa forma, aunque a veces lo hagas de manera inconsciente, o como un acto reflejo, fruto del sentimiento de "rabia", "ira" o "miedo" ante lo que consideras un peligro.

Y dicho todo esto, también habrá muchas veces donde realmente la otra persona tenía voluntad de hacernos daño, herirnos, destruirnos. En estos casos, la agresividad viene a ser también como una forma de auto-defensa, a veces necesaria para salvaguardar la integridad física. El problema es cómo y cuándo valoramos la forma de utilizarla y si está justificado.

  • Por ejemplo, si están matando a una persona delante de nosotros, ¿está justificado que utilicemos la violencia, la agresividad, para tratar de impedirlo?
  • Y en segundo lugar, si alguien nos está manipulando, haciendo daño, insultando, despreciando... ¿está justificado que utilicemos la violencia física, aunque no hayamos sido agredidos físicamente?
Son preguntas que creo que entran en el ámbito de la conciencia de cada cual y para las que no tengo una respuesta. Pero lo que sí que tengo claro es que, en cualquier caso, la agresividad debe ejercerse de manera controlada si no quieres convertirte en peor que el peligro del que quieres defenderte.

3. Cambia tu manera de percibir el peligro

Si quieres controlar la agresividad, es importante que tengas claro que dependerá de tu manera de percibir el peligro.

Por tanto, en muchas ocasiones en las que ejerces violencia verbal, será importante que recapacites y pienses si realmente esa reacción te hace sentir paz o, por el contrario, te lleva a sentirte aún peor.

Si el hecho de que otra persona te haya hecho daño, te lleva a vivir odiando, con rencor en tu interior y sin pensar en otra cosa en todo el día que en cómo encontrar venganza, realmente puede llegar a ser peor aún para tu bienestar lo que estás viviendo.

Para empezar, porque no vas a encontrar paz aunque te vengues de la persona que te haya hecho daño. Seguirás dándole vueltas y vueltas a la cabeza, porque luego tenderás a auto-justificar el mal que le hayas hecho, o a recordar una y otra vez el mal que te hizo, aunque sea algo que ya se haya pasado.

Hay muchas personas que dicen: no puedo controlar mi ira. Pero lo que en realidad pasa es que no están siendo capaces de controlar la manera en la que perciben las cosas negativas que hacen las demás.

En este sentido, debemos empezar a priorizar nuestro bienestar presente sobre lo que ocurriera en el pasado. Aunque debemos valorarnos a nosotros mismos y no permitir que nos pisoteen, la forma en la que te defiendes influirá mucho en tu bienestar, en la opinión que tienes de ti mismo.

Hay muchas cosas que, realmente, no son un peligro en sí mismo. Pero no nos gustan. No nos gusta cómo las percibimos. Tenemos que aprender a cambiar nuestra reacción ante lo que no nos gusta. Si una persona nos lleva la contraria, la solución no puede ser liarse a porrazos con esa persona. Simplemente, dejar pasar, ignorar, respetar... no meterse en peleas que no lleven a ningún sitio.

Pelea sólo las peleas que valgan la pena, cuando sea realmente ético y necesario que seas agresivo. Cosas, ante las cuales, si no hicieras nada, te sentirías mal contigo mismo. Cosas que realmente son un peligro físico para ti, o para los que te rodean.

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Si éste no es el caso, puedes buscar un tratamiento para la agresividad, o hacer un test de control de la ira si no sabes realmente si eres una persona agresiva y violenta.

En muchos casos, sería importante que buscaras un tratamiento psicológico para aprender a controlar tus impulsos y tomarte las cosas de otra manera. Un profesional puede ayudarte a mejorar la manera en la que te percibes a ti mismo y percibes el mundo, así como esas reacciones disfuncionales que no ayudan a tu crecimiento y bienestar.

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