martes, 6 de marzo de 2018

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Por qué los seres humanos rumiamos pensamientos

Seguro que conoces la palabra "rumiar". A mí también me enseñaron en el colegio que algunos animales, como las vacas, ingerían los alimentos rápidamente, y luego, cuando no advertían peligro, los volvían a traer a la boca para "volver a masticarlos".

Los seres humanos no rumiamos los alimentos, pero sí que está visto que nos gusta mucho rumiar pensamientos e ideas.


¿En qué consiste rumiar pensamientos?

rumiar ideas

Es muy común que las personas con ansiedad nos pasemos horas y horas dándole vueltas a la cabeza sobre cosas, con ideas tipo:

  • No debería haberlo hecho así...
  • Esta persona habrá pensado que soy, que pienso, que quería decir...
  • Ay, ¿qué hubiera pasado si hubiera...?, ¿por qué no lo habré hecho bien?
Y cosas por el estilo, ante las que a veces podemos estar horas y horas sin parar.

Cosas que nos torturan por dentro y que, sí, son el camino hacia la ansiedad y la depresión.

¿Por qué rumiamos pensamientos?


Quiero que te detengas aquí por un momento y te pares a pensar:

¿Sirven para algo realmente estos pensamientos? ¿Tienen algún objetivo práctico? ¿O estamos simplemente masticando una y otra vez las mismas ideas, sin que nos aporten nada nuevo?

La respuesta más común cuando la persona se confronta con el hecho de que "rumia pensamientos" es ésta:

"Lo sé, pero no puedo evitarlo".

Y es que el pensamiento rumiante o pensamientos recurrentes son como un círculo vicioso. Se ha creado un caminito en tu cerebro, un circuito que no lleva a ninguna parte y por el que tus pensamientos dan vueltas una y otra y otra vez.

¿Qué puedes hacer para dejar de rumiar pensamientos?

Algo que me ha ayudado mucho a vencer esto de rumiar pensamientos es estudiar y entender mejor cómo funciona mi mente.

Una de las cosas que puedes hacer es desligarte completamente de ideas maximalistas sobre las cosas.

Te explico.

Cuando llegan pensamientos a tu mente, de cualquier tipo, tienes dos opciones.

  • A) Aceptar que están ahí, dejarlos moverse y no hacer nada por impedirlo. Es una realidad impuesta que "no puedes controlar".
  • B) Aceptar que están ahí y que los tienes, pero ponerles un nombre. Categorizarlos. Describirlos de manera fría, como desde fuera de ti mismo. Por ejemplo, "este pensamiento que tengo y que es real es un pensamiento recurrente".

Al definir tu pensamiento, al categorizarlo, lo estás convirtiendo en lo que realmente es. Algo que está en tu mente, pero que no necesariamente tiene que ser cierto o estar en la realidad.

Es decir, tus miedos, temores y preocupaciones no son = a la realidad. Son la forma en la que estás interpretando esa realidad. Pero esas interpretaciones pueden ser enormemente "creativas" y al final no tener nada que ver con ella.

De hecho, tus interpretaciones no nacen sólo de los "hechos puros", sino de un montón de cosas más que hay en tu mente; tus recuerdos, situaciones pasadas que viviste, cosas que te gustan y no te gustan, etc.

Y, de hecho, aunque tengan que ver con la realidad, la manera en que nos vamos a tomar esto (el valor que le damos) es crucial para "desarmar" el poder de esos pensamientos.

 "Por ejemplo, Fulanito me ha mirado mal, y es verdad que me ha mirado mal, porque sé que me odia y me lo ha dicho").

Me quedo con estos secretos para evitar rumiar pensamientos: aprender a interpretar y valorar desde una autoestima sana.

Tu interpretación podría estar equivocada; o tu valoración podría ser exagerada


Es decir, pasa a preguntarte dos cosas:

  • 1.º) ¿Es verdad que Fulanito me ha mirado mal, o sólo está en mi mente? ¿Hay alguna razón posible que no tenga que ver conmigo, ha sido sólo una impresión mía? A lo mejor simplemente tenía un mal día. Mi interpretación podría no ser correcta.
  • 2.º) ¿Qué importa que Fulanito me haya mirado mal? ¿Tengo que sentirme mal por el hecho de que Fulanito de verdad tuviera mala intención? Estoy sobrevalorando la opinión de Fulanito, cuando no es tan importante lo que él piense.

Si te das cuenta, las dos fórmulas ayudan a desarmar el pensamiento recurrente de que Fulanito te ha mirado mal. En una le quitas hierro al asunto, y en la otra, directamente le quitas importancia al hecho de que te mire mal o no.

Ambas fórmulas me han ayudado, pero reconozco que la primera está todavía cerca de llevarte al pensamiento recurrente.

Es mucho mejor quedarte con la segunda; es decir, dejar de sobrevalorar la opinión de los demás, porque caerle bien a alguien o no, no sólo tiene que ver con nuestros esfuerzos, nuestra manera de ser, nuestro "feeling" o nuestro carácter.

También tiene que ver, y mucho, con la conexión emocional que hay entre personas. Y esto es algo que sólo podemos conocer de manera estadística.

Deja de preocuparte por lo que hiciste, pensaste o hiciste mal

Todos hacemos cosas mal algunas veces, o incluso muchas veces. Solemos crear un mundo en el que está la sociedad a un lado y el "yo" al otro. Y hacemos todo lo posible por encajar, por caerle bien a la sociedad, y eso nos lleva muchas veces a una ansiedad extrema si no aprendemos a sentirnos a gusto con nosotros mismos, a pesar de todo.

Es una cuestión de estadística; no puedes agradar a todo el mundo. Es absolutamente imposible. Habrá gente a la que le gustes y gente a la que no.


La gente que ha tenido éxito en sus relaciones sociales, por lo general, no sólo consiguen lo que consiguen por sus "características innatas". Lo han conseguido porque han perdido el miedo al rechazo y lo intentan muchas veces, constantemente, y han descubierto que eso produce más y mejores resultados que no intentarlo.

Sigue mejorando tus habilidades y acostúmbrate a convivir con éxitos y fracasos. Cuanto más lo intentes, más éxitos verás. Cuanto menos lo intentes, más fuerza adquirirá en tu mente la idea de fracaso.

Una de las razones de que rumiemos pensamientos son las preocupaciones acerca del pasado o del futuro. Deja de considerar el pasado y el futuro como algo tan importante; acepta simplemente las cosas como vienen. Sin ser conformista, esforzándote cada día por ser mejor, pero sin jugar en tu contra.

Sé como el deportista: deja de sobrevalorar el fracaso


rumiar pensamientos


Piensa como el deportista: perder una carrera, perder un partido, es sólo un desafío para aprender y hacerlo mejor la próxima vez.

Y muchas veces perder no es cuestión de ser un buen o mal deportista; simplemente, a veces las cosas no salen bien.


Si desligas tus esfuerzos del resultado, entonces estarás en el camino correcto para dejar de rumiar pensamientos. El fracaso no es tan importante; es un sólo un dato.

Lo importante es seguir entrenando, corregir errores y nunca darse por vencido. Quítale la fuerza emocional al fracaso y conviértelo para ti en un simple dato, que ahora mismo quizás no sepas aún cómo interpretar.

Algo que no funciona para vencer el pensamiento recurrente

Algo que mucha gente intenta y que no termina de funcionar para vencer los pensamientos recurrentes es... tratar de evitar el pensamiento.

Cuanto más te haces consciente de ese pensamiento, cuanto más te enfoques en "no voy a pensar en esto, no voy a pensar en esto", más presente estará en ti ese pensamiento que rumias una y otra vez.

Es la forma en la que funciona nuestra mente. Nos enfocamos en aquello en lo que pensamos, aunque el pensamiento sea "no pienses en esto".

Quizás te suena aquella famosa frase del libro de George Lakoff sobre el lenguaje político: "No pienses en un elefante". Si yo digo "no pienses en un elefante, no pienses en un elefante, no pienses en un elefante..." durante 1 hora... dime, ¿en qué estás pensando ahora? :)

Pues algo así estás haciéndote a ti mismo cuando utilizas este método para vencer el pensamiento recurrente.

La mejor manera de luchar contra esta manía de "rumiar" los pensamientos es distrayendo nuestra mente hacia otras actividades.

Echa cosas encima de ese pensamiento que te está viniendo a la cabeza una y otra vez. Experiencias, emociones distintas, salidas con los amigos, películas, lo que sea para distraer tu mente de esa actividad.

Durante el tiempo en el que tu mente esté concentrada haciendo otras cosas, no estás pensando en eso. Y cada vez que no estás pensando en eso, es un pasito más que das hacia delante para manejar mejor la ansiedad.

Espero que esta reflexión te haya ayudado. ¿Te ha resultado útil? Si necesitas que te ayude, déjame un comentario o escríbeme por privado.

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